Después de la Segunda  Guerra Mundial nació un nuevo lugar de reunión internacional, donde los países y los pueblos del mundo pudieran trabajar juntos para promover la paz y la cooperación, el desarrollo económico y social y una sociedad mundial guiada por una visión clara y regulada por el derecho internacional. Quizás es una de las tantas  instituciones internacionales que tienen que ponerse al día y renovarse. Varias visitas en distintos momentos nos han hecho sentir que es una organización  a la que le sobra burocracia y le falta vida.

A la mente nos vienen las palabras de Pablo VI en su visita el 4 de octubre de 1965:” En una palabra: el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no sólo de sostenerlo, sino también de iluminarlo…” “Los pueblos se vuelven a las Naciones Unidas como hacia la última esperanza de concordia y paz; nos atrevemos a traer aquí, con el nuestro, su tributo de honor y esperanza, y es por eso que este momento es también grandioso para vosotros.”